Espacio virtual como agente de cambio para re-pensar el acceso a la cultura

Por Carlos C. Peguero

Fotografía por Andrew Savulich 

Uno de los problemas más discutidos en torno a la cultura es la pregunta sobre si debe o no regularse sobre quienes son detentores de la misma. Pese a que el concepto principal nos refiere a un espacio compartido de creación y recursos humanos de variada índole, en la realidad y a lo largo de nuestra historia, nos encontramos con ciertas dificultades sobre el acceso universal a ella.

Desde la demorosa democratización de la imprenta hasta las leyes de autoría intelectual hoy en día, es una constante del saber que éste nunca ha sido libre por completo. Sin embargo, con el paso del tiempo la producción fue viviendo un proceso de metamorfosis en donde la industria fue adquiriendo un papel cada vez más protagónico sobre la autoría o la propiedad intelectual. Las grandes empresas financian con mucho entusiasmo a los autores y los proveen de los recursos necesarios para hacer realidad sus creaciones, siempre y cuando los derechos de explotación comercial sean divididos entre ambas partes.

No obstante, con el advenimiento de las sociedades en redes virtuales se ha desatado la proliferación masiva del compartir con otros aquellos recursos a los que solo algunos han podido acceder de forma completamente legal. La idea de disponer del soporte online infinito de toda la cultura ha generado tanto beneficios para la sociedad civil como conflictos para la administración corporativa que posee los derechos de las obras y que buscan lucrar con ellas.

Con el nacimiento de ciertas plataformas virtuales como Megaupload o las redes per-to-per se gestaron verdaderas propuestas de repositorios colectivos y mundiales de material cultural. Pero, como muchos de esos contenidos se hallan registrados bajo autoría de Hollywood y otras grandes industrias culturales, desde ese entonces y hasta ahora han estado intentando bloquear cualquier tipo de acceso no comprado a esos archivos.

Para lograr la censura de estas publicaciones han recurrido a la clausura de todos los sitios que soporten estos contenidos y hasta la persecución exhaustiva de quienes los manejen, como fue el caso de Kim Dotcom, contra quien el gobierno de Estados Unidos logró emitir una orden de extradición en el año 2012, pero que finalmente las autoridades neozelandesas desestimaron.

Esta discusión ha generado crear movimientos ciudadanos políticos que defienden la libre cultura online y se oponen a la censura que los gobiernos más poderosos han intentado establecer con leyes como SOPA (Stop Online Piracy Act) o PIPA (Protect IP Act). También en Latinoamérica se han realizado movilizaciones y protestas para evitar el control excesivo de los derechos en los archivos compartidos por internet, como fue el caso de México en 2014, cuando el gobierno intentó promulgar la denominada ley Peña-Televisa.

protesta mexico proceso punto com punto mx.jpgFotografía recogida desde www.proceso.com.mx

Hay una aproximación relevante a este tema en torno a los límites de la propiedad intelectual en una sociedad altamente mediatizada y reproducida constantemente a través de la cultura ¿Se puede realmente ser original? Es una pregunta que plantea Kirby Ferguson y que resuelve con la idea de que todo producto nuevo se alimenta de uno anterior y será también un referente para uno siguiente, a esto él le llama una sociedad de remixes.

Por tanto, la cuestión del plagio no se vendría a resolver tan fácilmente. Como asevera Lawrence Lessig, la sobreprotección de la autoría del patrimonio intelectual en tiempos virtuales estaría siendo un enemigo hacia la misma creación. Es decir, no está mal brindarle a los propietarios cierta regulación en donde se respete sus creaciones (ser citados, por ejemplo) ni que tengan control sobre la explotación monetaria de las mismas (porque eso les permite valorar y perpetuar los procesos de producción).

Muy por el contrario, se estaría cometiendo un grave daño a la sociedad el prohibir la reproducción y uso no lucrativo de los productos culturales debido a que estos fueron hechos para ser expuestos y contribuir así con el desarrollo de las comunidades globales. Entonces, tendremos que preguntarnos a quiénes sirven realmente los intereses de cautiverio de las obras y a quiénes nos perjudica terriblemente.

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