¿Son las redes sociales la nueva plataforma revolucionaria?

Por Carlos C. Peguero

Fotografía por Wikimedia Commons

Ya hablamos anteriormente sobre cómo se puede mirar la emergencia de las plataformas multimediales como una posibilidad emancipatoria del discurso lineal, que por tantos años perduró en los medios de comunicación. Es un hecho que la irrupción de las tecnologías que permiten su desarrollo marcan la obtención de nuevas formas de construcción de sentido.

Sin embargo, pese a que podamos afirmar que la utilización de estos espacios han democratizado la difusión del conocimiento y son comparables, por ejemplo, a la revolución industrial como asegura Howard Rheingold, también es cierto que aun el mando operativo de estas redes está en manos de grandes industrias comerciales que sirven a otros intereses y que han puesto desconfianza e inseguridad en sus usos. Revisaremos a continuación algunas prácticas globales y nacionales que nos situarán en ambos sentidos de la discusión, como un ejercicio de mapeo contextual respecto a la experiencia compartida (y desigual) de las redes sociales en el mundo.

En torno a las redes virtuales no se puede fijar un precedente histórico que se establezca por completo como el hito inicial de una movilización o protesta social. Primero, porque pese a que llevamos bastantes años de experiencia con la digitalización de los medios comunicativos aun la transición desde los tradicionales ha tensando su expansión y la adaptación de la sociedad a ellos (al menos para esos usos). Y segundo, porque estaríamos invisibilizando la acción comunitaria y de acompañamiento territorial- físico que significa levantar una causa política como adversarios a un sistema opresor.

Pese a lo anterior, sí es posible nombrar algunas experiencias locales e internacionales que se han apoyado enormemente en lo que Luce Irigaray menciona como web 2.0. Allí es en donde se ha logrado poner en práctica una comunicación alterna que otorga espacios de retroalimentación o feedback entre quienes participan de esa comunicación y que logran ejercer una identificación con un otro y sus posturas o convicciones políticas. Como menciona Manuel Castells, la reorganización del sistema comunicativo ha logrado visibilizar aquellas realidades o posiciones que antes se consideraban dentro de un imposible a representar para los medios tradicionales de comunicación y sus editoriales.

AFP Esteban Ignacio flickr

Fotografía por Esteban Ignacio

Es así como algunos movimientos se han logrado aprovechar de las nuevas tecnologías para hacer públicas sus demandas y conseguir adeptos a sus causas mientras generan un posicionamiento público de sus ideas a través de las mismas. Algunos de los casos más emblemáticos son la Primavera Árabe, que logró cuestionar la administración totalitaria y dictatorial de varios gobiernos del Medio Oriente y que, a través de las redes sociales, lograron una expansión internacional de la cobertura de sus protestas. Esto hizo que los ciudadanos de otros países ejercieran presión ante el posicionamiento de sus Estados frente a los suyos y hasta llegaron a derrocar ciertas figuras políticas a través de esta tensión.

Algunos ejemplos locales pueden referirnos también a los casos de los movimientos ciudadanos #NiUnaMenos y #No+AFP en Chile. El primero, como un gran peso político desde el feminismo latinoamericano (iniciado en Argentina) para exhortar a sus determinados países a establecer políticas públicas de protección contra la violencia hacia las mujeres y que Chile forma también parte de los antecedentes para la creación del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género en el año 2015. El segundo, un frente político para eliminar el sistema de pensiones chileno y que ha logrado posicionar esta temática como una de las más fuertes en las discusiones hacia las candidaturas políticas parlamentarias y presidenciales en nuestro país.

Por otro lado, existen también algunos ejemplos en donde los altos imperios del conocimiento y de la política internacional han marcado los límites de la expansión de esta revolución. Tales son los casos de Julian Assange con la filtración de documentos clasificados de los Estados más poderosos del globo, a través de la organización Wikileaks, que promueve la libertad de información como forma de desanclar las desigualdades de las sociedades y sus oligarquías. Este último fue perseguido por las policías internacionales y tuvo que refugiarse durante más de tres años en la Embajada de Ecuador en Londres, hasta que finalmente la Organización de las Naciones Unidas decide fallar a su favor y dictar como veredicto la ilegalidad de las órdenes de su detención.

Es por esto que aun cuando reconozcamos el poder que albergan las nuevas plataformas de comunicación, las definiciones respecto a la capacidad de sus expansiones como plataformas de revolución todavía no están del todo claras. Estos hechos generan un gran ambiente de inseguridad social en torno a su utilización para poner en discusión ciertos conflictos y mientras los software sigan en control de las mismas cúpulas del poder, siempre se podrá cuestionar la factibilidad de una construcción completamente alternativa de mundo puesta allí.

assange ecuador agencia AFP.png

Fotografía por Agencia AFP

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s